miércoles, 19 de febrero de 2025

Los dos rosetones

Aquel humilde mosquito no tuvo ningún reparo en picar a la más bella entre las bellas, y no os lo perdáis en el único sitio que los demás mortales no osaban tocar jamás: en uno de sus turgentes pechos. 

Ella ni se percató; estaba saboreando la dulce ambrosía que su amado se había encargado de recoger. El ambarino fruto, ella se deleitará sin darse cuenta de que aquel vulgar mosquito tocaba lo que su amado todavía no había catado. 

Este, airado al ver los turgentes senos de su amada con dos ronchones, uno en cada pecho, estalló en ira. 

Diciendo: "¡Como pille al malnacido que ha osado picar tan bellas frutas, lo fulminaré!" 

El pobre mosquito no sabía dónde meterse y se posó sobre la mesa, cerca de un frutero con ricas frutas. Allí lo vio el joven ofendido y lo aplastó de un manotazo, que ella aplaudió, pues su amado la deseaba con o sin rosetones. 

Se lanzó a sus fuertes brazos; se amaron allá en los cielos ocultos de los ávidos ojos de todos aquellos que ansiaban ver los hermosos atributos de la diosa más bella de la creación.

M. D. Álvarez 

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