Él estaba de cacería cuando aquel dramático suceso ocurrió; al regresar, percibió un aura oscura que rodeaba su amable corazón. La vio en las almenas; por mucho que corrió, no llegó a tiempo; ya se había arrojado al vacío con un atronador relámpago de fondo.
Su adorado cuerpo no fue hallado, por lo que él dio caza a las bestias que arrebataron a su hijo.
Cada noche de tormenta sube a las almenas, ojeando el horizonte y buscando el anhelado rostro de su añorada dama.
M. D. Álvarez
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