lunes, 24 de febrero de 2025

Corazones en el desierto.

Subidos en sendos camellos, avanzaban lentos pero sin pausa. En su odre apenas quedaba agua para atravesar el desierto. 

Él sabía que uno de los dos debía sobrevivir, así que cedió la poca agua que le quedaba a ella. Cuando su camello cayó, llenó el pellejo con la sangre del animal y bebió sorbos pequeños. 

Luego despiezó el camello y le dio el corazón a ella. Solo faltaban diez kilómetros hasta el siguiente oasis. Cuando llegaron, él llenó sus odres y le cedió el cuero lleno de agua a ella, que, agradecida, bebió sorbo a sorbo mientras él preparaba una pequeña jaima y un fuego donde poder cocinar la carne del camello.

M. D. Álvarez 

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