sábado, 22 de febrero de 2025

El pocillo de la abundancia.

Aquel pequeño pocillo encerraba un misterio increíble. Cada vez que alguien llenaba el calderito y lo hacía, su contenido no era agua, sino la más deliciosa sopa que iba directamente a las soperas más selectas de la comarca. 

Muchos aldeanos se hicieron con grandes alijos, pues creían que, por su diminuto tamaño, seguramente se secaría pronto y no querían perder la oportunidad de hacerse con pingües beneficios, pues sabían que aquella sopa era la predilecta de las grandes casas.

Sin embargo, el pocillo parecía inagotable. Día tras día, los aldeanos acudían con sus calderitos, y siempre encontraban la sopa más exquisita. Pronto, la noticia del pocillo mágico se extendió más allá de la comarca, atrayendo a curiosos y comerciantes de tierras lejanas.

Un día, un anciano sabio llegó al pueblo. Observó el pocillo con interés y decidió investigar su origen. Tras varios días de estudio, descubrió que el pocillo estaba conectado a una antigua red de manantiales subterráneos, bendecidos por un antiguo hechizo de abundancia.

El anciano reunió a los aldeanos y les explicó su hallazgo. Les advirtió que, aunque el pocillo parecía inagotable, debían usarlo con sabiduría y moderación, pues el hechizo dependía del equilibrio y el respeto por la naturaleza.

Los aldeanos, agradecidos por el consejo, decidieron establecer un sistema para compartir la sopa de manera justa y sostenible. Así, el pocillo continuó proveyendo su deliciosa sopa, y la comarca prosperó en armonía.

M. D. Álvarez 

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