viernes, 14 de febrero de 2025

Noche de pasión.

Ella sentía que cada vez que lo veía aparecer, se derretía y comenzaba a fantasear con él, imaginando cómo sería en la cama y cómo lo haría sucumbir a sus más oscuros deseos lujuriosos. 

Pero aquella vez, él tropezó con ella. Asustada, intentó huir; estaba muy excitada, pero él la retuvo amablemente, preguntándole si se había hecho daño. 

—"No, no ha sido culpa mía, no miraba por dónde iba" —respondió ella, y salió disparada, roja de vergüenza, sin darse cuenta de que había perdido la cartera. 

Él la encontró y se propuso devolvérsela; tenía curiosidad por aquella chica, sabía que lo observaba, pero cuando se volvía, no veía a nadie.

Se dirigió a la dirección que figuraba en su carnet y la esperó. Ella llegó un par de horas más tarde; no se fijó en que, frente a su casa, él la esperaba. Entró en casa y se cambió de ropa.

Él llamó al timbre y esperó. Ella abrió sin mirar por la mirilla, se sorprendió y casi le cierra la puerta en las narices, pero se contuvo.  

"Se te cayó la cartera en nuestro encontronazo", -dijo él sonriendo amablemente, tendiéndole la mano con la cartera.

Ella cogió la cartera y rozó su mano. Hubo un flash de emociones mal contenidas por parte de ella, que comenzó a sentir que perdía el control y se lanzaba a besarlo. A él no le dio tiempo a reaccionar y comprendió que ella estaba enamorada de él. 

Había sido un sueño o verdaderamente le había besado. Ella abrió los ojos y lo vio; no parecía molesto, pero sí preocupado.

Ella se apartó rápidamente, avergonzada por su impulso. 

"Lo siento, no sé qué me pasó" —dijo, evitando su mirada.

Él sonrió, tratando de aliviar la tensión. "No te preocupes, a veces las emociones nos toman por sorpresa. ¿Te gustaría tomar un café y hablar un poco?"

Ella dudó por un momento, pero la curiosidad y el deseo de conocerlo mejor fueron más fuertes.

"Sí, me encantaría" —respondió finalmente.

Fueron a una pequeña cafetería cercana. Mientras tomaban café, comenzaron a hablar de sus vidas, sus sueños y sus miedos. Ella se dio cuenta de que él no era solo una cara bonita; era inteligente, amable y tenía un sentido del humor encantador.

La conversación fluyó con naturalidad, y ambos se sintieron cada vez más cómodos el uno con el otro. Al final de la tarde, él la acompañó de regreso a su casa.

"Gracias por el café y la compañía" dijo ella, sonriendo.

"Gracias a ti por aceptar" —respondió él. "Me alegra haberte conocido mejor".

Ella lo miró a los ojos y sintió una conexión profunda.

"¿Puedo verte mañana?" —preguntó él, mirándola a los ojos. Tenía unos preciosos ojos verdes, como los campos verdes de Valle de Darjeeling, en la India.

Ella asintió; sus deseos se habían alineado, puesto que habían conectado de forma extraordinaria.

Él la fue a buscar a su trabajo con un gran ramo de rosas. Violet Carson.

"Acompáñame" —dijo él, entregándole el ramo.

Ella le siguió sin titubear; sabía que había despertado su deseo por la forma en que la miraba. 

La llevó al Hotel Passalacqua, en Moltrasio, en un jet fletado para aquella ocasión. Había reservado la mejor suite, pero antes de subir a la habitación, la invitó a cenar en el mejor restaurante de Moltrasio, donde cenaron ostras, ensalada de aguacate y mango, atún en salsa de chocolate y, de postre, fresas con nata.

La noche comenzaba muy bien. Ya en la habitación, él la besó dulcemente mientras ella lo atraía hacia la cama, desabrochándole la camisa y quitándosela. 

"Espera un minuto", dijo ella, yendo al baño. 

Al término de desvestirse, se metió en la cama. Ella apareció con una preciosa negligé de color negro que resaltaba su hermoso cuerpo.

Sabía que la deseaba y se metió con él en la cama. Él la acarició suavemente con las yemas de sus dedos, recorriendo todo su cuerpo y logrando estremecerla de puro placer. Ella recorría con sus manos todo su atlético cuerpo, rozando tímidamente su miembro. 

Él la penetró dulcemente, con cuidado y ternura, logrando controlar sus impulsos más oscuros. Ella se puso encima y cabalgó con brío mientras él acariciaba sus turgentes pechos, haciendo que ella disfrutara lujuriosamente, llegando a satisfacerla seis veces, finalizando exhaustos los dos y dormidos juntos.  

M. D. Álvarez

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