—Uyyyy, que no es él —oyó decir, viendo a la agresora roja de vergüenza.
—¿Se puede saber qué diablos te pasa? —rugió Marcus, frotándose la dolorida mejilla.
—Nada, nada, que el bofetón no era para ti —trató de disculparse ella, toda azorada.
Marcus arqueó una ceja, tratando de procesar lo que acababa de suceder. La sala estaba en silencio, todos los ojos fijos en ellos. Con un gesto de la mano, pidió que se calmaran.
—¿Entonces para quién era, exactamente? —preguntó, su voz cargada de incredulidad.
La chica, con el rostro aún rojo como un tomate, miró a su alrededor buscando una salida. Finalmente, se armó de valor y respondió:
—Era para... para mi ex. Lo vi entrar y perdí los estribos. No quería que te pasara nada a ti, lo prometo.
Marcus no pudo evitar soltar una risa. La situación era tan absurda que le resultaba cómica.
—¿Así que me has confundido con un tipo que te ha hecho daño? Eso es un cumplido, en cierto modo —dijo, todavía frotándose la mejilla.
Ella lo miró con una mezcla de vergüenza y alivio. Se acercó un poco más, bajando la voz.
—Lo siento mucho. No soy así normalmente. Solo... bueno, ya sabes cómo son las cosas a veces.
Marcus se cruzó de brazos, disfrutando del momento.
—¿Y ahora qué? ¿Vas a seguir golpeando a inocentes o piensas compensarme por el daño emocional?
Ella sonrió tímidamente, sintiendo la tensión desvanecerse un poco.
—Tal vez pueda invitarte a un café como disculpa... ¿Te parece?
—Eso suena mejor que un puñetazo —respondió él, inclinándose hacia ella con una mirada juguetona—. Pero solo si prometes no golpearme otra vez.
Ambos rieron y la atmósfera en la sala comenzó a relajarse. Mientras caminaban hacia la salida, él le lanzó una última broma:
—Si alguna vez necesitas más práctica con tus bofetones, avísame; tengo un par de amigos que podrían ser útiles.
Y así, entre risas y miradas cómplices, se alejaron juntos, dejando atrás la confusión y abrazando lo inesperado de aquel encuentro.
M.D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario