miércoles, 27 de mayo de 2026

El valor del pequeño.

Mira el pequeñín, ¡qué pibonazo se trae! —dijo aquel gigantón, riéndose del joven que lanzó una furibunda patada a la entrepierna del gigante, doblándolo de dolor.

— ¿A quién llamas pequeñín? —dijo entre dientes y con una mirada aterradora que congeló al gigante. De no haber sido por ella, lo habría matado a golpes; su corazón era el de un gran guerrero.

Cuando lo dejó tendido, agarrándose los testículos aplastados, ella lo besó y dijo: —Eres mi héroe y te voy a compensar. Él la llevó a bailar y, de vuelta a casa, como todo un caballero, la dejó en la puerta.  
—¿No vas a entrar? —preguntó ella.

—Hoy no, quizás mañana, si me lo permites —dijo él con una suave sonrisa.

M. D. Álvarez 

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