domingo, 10 de mayo de 2026

La furia de un guerrero.

Nunca lo habían oído lanzar un aterrador rugido como aquel. Aquello lo paralizó todo; los atacantes que peleaban con furia se detuvieron y abrieron paso al aterrador guerrero que, cubierto de sangre, avanzaba con férrea determinación hacia el lugar donde reposaba ella, a quien habían herido. 

Su aterrador rugido paralizó de terror a los contendientes. Cuando estuvo a su altura, lanzó un bestial guantazo al individuo que permanecía al lado de ella, lo desplazó a 500 metros de distancia. Se arrodilló a su lado, cogiéndola con mimo, y fulimino con una mirada furibunda a los adversarios que retrocedían a su paso.

La trasladó con pausado caminar a una zona cubierta, donde no pudo contener sus lágrimas; todo un fiero guerrero sufría tal dolor por la pérdida de su amada. 

Sus amigos se aproximaron cautelosamente; sabían que su dolor por la pérdida de su amada lo llevaría a un estado de locura furibunda que estallaría con tal furia que arrasaría el campo de batalla y a todo aquel que permaneciera en él.

M. D. Álvarez 

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