Bueno, eso sí lograba pasarlo de contrabando; la frontera se había cerrado a cal y canto, no podía pasar nadie. Así que se arriesgó y cruzó a nado el gran río que lo separaba de su amor.
Al llegar a la otra orilla, ella lo esperaba, pero se sorprendió al ver que él se arrodillaba y sacaba de su calzoncillo un precioso anillo de matrimonio. No le dejó ni pedírselo; lo abrazó y besó. Era e gran l amor de su vida y no lo iba a dejar escapar.
M. D. Álvarez
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