En la goma de sus calzoncillos llevaba una ganzúa que le ayudó a librarse de las esposas. Una vez liberado, se acercó a la joven, que lo miró sorprendida y dijo: —"Eres un chico con muchos recursos".
—"No lo sabes tú bien", respondió él, que no parecía tener frío con tan solo unos bóxer.
—"No tienes frío?", preguntó sorprendida.
—"Soy un chico del norte. Hace falta más que una leve brisa para congelarme", dijo, echándosela al hombro. La sacó trepando por el acantilado. —"Aquí estarás a salvo".
—"¿Y tú a dónde vas?", preguntó preocupada.
—"A buscar mi ropa", respondió él con una sonrisa encantadora.
M. D. Álvarez
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