Él la mimaba y quería con locura; se desvivía por ella, por eso cuidaba su físico. Sabía que a ella le gustaba su personalidad y su capacidad para solventar problemas.
Su trabajo en la agencia lo mantenía activo, y cuando llegaba a casa, ella le tenía preparada la cena y, a veces, le esperaba despierta, aunque últimamente fingía dormir para que la despertara con dulces besos.
M. D. Álvarez
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