En la goma de sus calzoncillos se encontraba una lentejuela. Agnes no comprendía cómo en los calzoncillos de su chico había una lentejuela.
Mal sabía ella que él ejercía de boy en un garito para sacarse unos chavos y regalarle aquel vestido tan vaporoso que había visto, observando e implorando con ojos anhelantes.
No podía permitírselo y, por eso, se buscó un empleo extra. Por ella, era capaz de todo, hasta de perder la vergüenza.
Dos semanas después, se presentó con un paquete de regalo y, al abrirlo, supo que era capaz de todo por ella.
M. D. Álvarez
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