martes, 26 de mayo de 2026

Abrazo en la tormenta.

Cuánto necesitaba un abrazo antes de perderse entre las nubes oníricas del sueño. Así de desangelada se sentía sin su dulce abrazo; no lograba conciliar el sueño sin sentir el amoroso abrazo de oso apasionado. 

Él se retrasaba; fuera tronaban rayos y centellas. De un momento a otro, se pondría a llover torrencialmente, y aún no había llegado. 

De pronto, oyó la puerta: por fin había llegado. Venía calado hasta los huesos, pero se acercó silenciosamente a la cama, la besó y fue al baño para secarse. Después, se metió en la cama con ella y la abrazó con cuidado de no despertarla.

—Siento llegar tan tarde —susurró él con dulzura.

—No importa —respondió entre sueños—, tan solo quería sentirte a mi lado.

Mientras permanecían abrazados, la tormenta continuaba tronando fuera.

M. D. Álvarez 

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