Ella finge dormir, tapada con la sábana hasta las orejas, cuando de pronto oye la puerta. Algo se ha colado en su habitación; se mueve silenciosamente por el lugar y, con sumo cuidado, se sienta a los pies de la cama. La chiquilla, todavía aterrorizada, baja un poquito la sábana para descubrir una figura inclinada sobre ella: era su adorado abuelo, que, como siempre, le daba las buenas noches a su adorable nietecita. Pero aquella noche, algo iba mal; su abuelo despedía una luz cálida y pacífica.
Lo que la chiquitina no sabía era que su abuelo había muerto en aquel mismo momento, pero quiso despedirse de ella. La bebita, dándose cuenta de que era su abuelo, estiró sus regordetes bracitos, pero no logró agarrarlo.
"Tranquila, mi sol, estaré aquí", susurró, señalando su pequeño corazoncito.
La niñita esbozó la más deslumbrante de las sonrisas y se durmió.
M. D. Álvarez
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