martes, 19 de mayo de 2026

Serigrafiado en los calzoncillos.

En la goma de sus calzoncillos había serigrafiado la información clave. Ahora tenía que hacerla llegar a las manos adecuadas, y las únicas en las que confiaba eran en las de su novia, Ava Jenkins. 

Debía ingeniárselas para que su maltrecho cuerpo llegara a las manos de Ava; solo ella podría descifrar la clave y sabría que no estaba muerto, tan solo bajo los efectos de la tetradotoxina. 

Sintió cómo su corazón se ralentizaba hasta un límite casi imperceptible. Los carceleros lo sacaron y lo dejaron en el anatómico forense donde trabajaba Ava, quien, al descubrir su cuerpo, percibió un leve latido en la yugular.

M. D. Álvarez 

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