lunes, 9 de diciembre de 2024

Vrhung.

Un gran vrhung se dirigía corriendo en dirección al centro de las filas de aquel ejército formado por criaturas ancestrales que habían sido sometidas y juzgadas para ser el ejército de las sombras que debía acabar con el reino de luz. 

Pues aquellas mismas criaturas eran sus habitantes y no quedaba ningún ser vivo capaz de enfrentarse a ellas, salvo aquel ejemplar de vrhung más fiero y salvaje. 

Él era el último guardián del reino y su señora no tuvo más remedio que mandarlo al frente. No sabía si lograría alcanzar al comandante de las sombras, ya que si lo derrotaba, su ejército de sombras ya no estaría sometido a su yugo.

De un salto portentoso, se plantó ante el comandante, quien se vio sorprendido con el feroz ataque que le lanzó. A continuación, lo descabalgó de su montura de un golpe seco y lo arrojó al suelo, donde terminó con su vida arrancándole el corazón con sus garras. 

Aquello liberó de su yugo a las huestes, que, presas del pánico de lo que estaban a punto de hacer, se volvieron a sus hogares inclinando su cerviz ante el vrhung que los había liberado por orden de su señora, la reina Zuwhil.

El vrhung regresó junto a su bella reina y se postró a sus pies. Ella se agachó y tomó su zarpa con cariño, diciéndole: "Tú no debes postrarte ante mí, sino yo, mi bello vrhung". Hizo una reverencia mostrando gran humildad y le besó en la mejilla.

M.D. Álvarez 

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