domingo, 29 de diciembre de 2024

El hombre tigre.

Ella era la única que podía alimentarlo. A pesar de las protestas de sus amigos, nadie se atrevía a darle de comer por su salvaje apetito; solo se comportaba así con ella.

Ella veía en aquellos ojos azules a un amigo que se había perdido en la misma jungla donde lo capturaron a él hacía 5 años.

La joven se encontraba en una encrucijada. Su corazón latía con fuerza mientras sostenía la cesta de frutas frescas que había recogido en el mercado. El animal, un majestuoso hombre-tigre blanco con rayas negras, la observaba desde su jaula de hierro. Sus ojos azules, llenos de inteligencia y melancolía, parecían penetrar en el alma de ella. 

Los aldeanos decían que el hombre-tigre era un monstruo, una bestia que había aterrorizado a la región durante años. Pero ella no podía creerlo. Recordaba a su amigo perdido en la selva, quien había ido en busca de una nueva especie, pero no había regresado. ¿Podría ser que este hombre-tigre fuera su querido amigo??

Decidió visitarlo todos los días. Le llevaba comida, le hablaba en voz baja y acariciaba su pelaje. El hombre tigre, comenzó a confiar en ella. Se volvió más dócil, menos salvaje. Pero aún había algo en sus ojos que no encajaba con la imagen de un simple tigre.

Una noche, mientras la luna brillaba sobre la selva, ella tuvo un sueño extraño. Vio al su amigo perdido, rodeado de animales, aprendiendo sus formas y sus secretos. Él  se convirtió en el tigre, y el tigre en él. Ambos eran uno solo, un ser que pertenecía a la jungla.

Ella despertó con el corazón acelerado. ¿Podría ser que aquella  bestia fuera su querido amigo? ¿Y si ella era la única que podía ayudarlo a recordar su verdadera naturaleza? Decidió investigar más sobre la leyenda del hombre tigre salvaje y buscar respuestas en los libros antiguos de la aldea.

Así comenzó su búsqueda, mientras el vínculo entre ella y Amarok se fortalecía. Juntos, enfrentarían los peligros de la selva y descubrirían la verdad oculta tras los ojos azules del tigre. Pero también despertarían fuerzas ancestrales que cambiarían sus vidas para siempre.

M. D. Álvarez

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