Se lanzó en picado contra aquel despiadado ejército. No lograron saber qué pasó después, ya que el portal se cerró. Él luchó contra todos hasta reducir a cenizas a todos los que querían atravesar el portal. Había logrado detener el ataque a su mundo, pero a un muy alto precio: no podría volver, pero al menos ellos seguirían vivos.
De pronto sintió una leve vibración en su espalda, se giró y vio cómo se formaba otro portal. Este era diferente, era un portal dorado. A través de él pudo ver a sus amigos y a ella, lo estaban llamando, pero ya casi no le quedaban fuerzas y cayó inconsciente. Cuando se despertó, estaba de nuevo en su mundo, rodeado de aquellos a los que había salvado.
La buscó con la mirada pero no la vio; se intranquilizó temiendo lo peor. No sabía cómo lo habían sacado; sus amigos lo dejaron descansar y en la puerta estaba ella, la única a la que había confesado sus secretos más íntimos. "No podía dejarte ahí solo", dijo ella, "y menos después de lo que me dijiste".
Él la miró con aquellos ojos azules tan intensos que hacían que ella se sintiera deseada. No pudo reprimir más sus sentimientos hacia ella, la quería y no la dejaría escapar.
M. D. Álvarez
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