El golpe fue abrupto y repentino, casi no le dio tiempo a interceptarlo. No podía permitir que la atacaran, aunque le costara la vida, la defendería ante todo.
El golpe fue lo suficientemente fuerte como para dejarlo sin respiración, pero tenía que aguantar un poco más hasta que alcanzara su límite; entonces afloraría su rabia y furia, no dejaría vivo a ninguno de sus atacantes.
Ella estaba preocupada por él, llevaba días sin comunicarse, pero había presentido que lo necesitaba y había acudido en su ayuda. El último golpe fue brutal, pero lo encajó con bravura.
Sabía que después de aquel guantazo, la bestia que había en su interior se despertaría y haría su aparición, poniendo a los atacantes en fuga, pero no por mucho tiempo, ya que les dio caza sin miramientos.
Ella ya conocía su secreto y no huyó, se quedó a su lado para tranquilizarlo cuando volviera junto a ella. Su apariencia era cautivadora, un ejemplar de licántropo magnífico..
A los diez minutos, el regreso a su lado y ella lo apariguo acariciando su magna cabeza hasta que aquel impresionante hombre lobo se volvió de nuevo al interior de su amigo ,quien yacía profundamente dormido.
M. D. Álvarez
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