La esencia de su naturaleza era oscura y aterradora; su aspecto físico no denotaba el salvajismo interior que lo albergaba, Sin embargo, lo descubrirían si se seguían interponiendo entre él y ella, la única que había atisbado en los más profundo de su alma los secretos de su salvaje naturaleza.
Su mansedumbre con ella eta interpretada por los demás como un símbolo de debilidad, pero se equivocaban. Muy pronto lo descubrían.
Al día siguiente, se vieron en el parque. Tontearon y se besaron con ternura hasta que un atracador los interrumpió. Él a situó tras de sí y se enfrentó al desgraciado. Triplicó su musculatura y dobló su altura. Entre torsión y torsión, fue surgiendo un aterrador hombre lobo de ojos fieros y gigantescas zarpas, se quitó de en medio al infeliz de un zarpazo.
Ella acarició su lobuna espalda para tranquilizarlo y sosegado. Poco a poco, el lobo volvió a su interior. Ella lograba sacarlo del trance de ira que albergaba su fiero corazón
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M. D. Álvarez
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