—¿Estás viendo? —dijo el joven lobo.
—Sí, gracias. No quería problemas con ellas —dijo ella, todavía sobrecogida por el imponente porte del joven lobo.
—Puedo acompañarte, este no es un buen barrio al anochecer —se ofreció el joven licántropo.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó ella, quizás inquieta por curiosidad.
—Adelante, pregunta —respondió él.
—¿De dónde has salido?
—De las alturas. Tengo una base en las nubes donde me sitúo para vigilar.
Continuará...
M. D. Álvarez
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