jueves, 5 de diciembre de 2024

Troan.

Su linaje se perdía en los tiempos pretéritos, cuando los dioses se unían con las bellas doncellas. 

Uno de esos dioses se llamaba Apolo y se sirvió de su aterrador servidor llamado Argionte para asustar a la bella doncella Briseide. 

Argionte la había estado espiando en los sagrados bosques de Dodona y ella había logrado incendiar su corazón al verla bañarse en la hermosa laguna del gran robledal. 

Ella se sabía observada pero siguió bañándose. Lo divisó en el linde, no pareció temerle y lo invitó a entrar con ella en la laguna. 

Temeroso de la venganza de Apolo, en un principio se negó, pero ella insistió. Reticente, fue avanzando dejándose ver. 

Ella no mostró miedo alguno. Se metió en el agua con ella, su aspecto salvaje le incomodaba, pero ella acarició su denso pelaje. 

"Eres un hombre lobo fuerte y hermoso", dijo ella acariciando dulcemente su lomo. 

Él se sentía azorado e intranquilo, temía la cólera de Apolo, pero también la deseaba con locura. 


Ella lo atrajo hacia la orilla y lo amó con pasión hasta que él sucumbió y la poseyó mansamente.

Cuando apagaron su sed apasionada, ella lo ocultó a los ojos de Efebo, quien lo maldijo dejándolo permanentemente convertido en licántropo.

Ella lo seguía amando todas las noches y de aquellas noches apasionadas nació un precioso retoño al que llamaron Troan.

M. D. Álvarez.

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