La bala en la sien era lo único que encajaba en aquella escena. La habitación estaba revuelta, como si buscaran algo. La habían destrozado por completo; parecía que había pasado un tornado.
En cambio, el cuerpo no tenía signos de lucha, como si no hubiera ofrecido resistencia, como si se hubiera sometido voluntariamente al sacrificio...
M. D. Álvarez
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