domingo, 2 de marzo de 2025

La reina del carnaval.

Con aquel precioso traje de princesita y subida a hombros de su padre, la chiquilla disfrutaba de las comparsas y fanfarrias del desfile de carrozas de carnaval.

—¿Te gusta, cielo? —preguntó su padre.

—Sí, papi, me encanta.

—Mira quién viene por ahí —dijo su padre al ver aparecer a su esposa vestida como la reina del carnaval, subida en la carroza más espectacular de todas. Era la carroza principal, con adornos espectaculares en forma de gran fénix dorado. Ella apareció de entre las alas del gran fénix; bailaba al son de la música con gracia y salero.

Los vio entre la multitud y lanzó sendos besos al aire que tanto su princesita como su amor captaron al vuelo.

—¡Wow, está bellísima, papi!

Él iba ataviado con el traje de guerrero olmeca. 

La música resonaba en el aire, y la pequeña, con su traje de princesita, no podía dejar de mover los pies al ritmo de las fanfarrias. Su padre la sostenía con fuerza, disfrutando también de la alegría que emanaba su hija.

—¿Ves, cielo? —dijo él mientras señalaba a su esposa—. Esa es tu madre, la reina del carnaval. Ella siempre brilla como el oro.

La niña miró a su madre con admiración, sus ojos llenos de asombro. La carroza avanzaba lentamente, y el fénix dorado parecía cobrar vida con cada movimiento de su madre.

—¡Mami! —gritó la pequeña mientras agitaba los brazos en el aire. 

La reina del carnaval se detuvo un momento y sonrió, reconociendo la voz de su hija entre la multitud. Con un gesto elegante, hizo una pausa en su danza y se inclinó para lanzar otro beso lleno de amor hacia ella.

—¡Eres mi tesoro! —gritó la madre—. ¡Te amo!

El padre sonrió al ver la conexión entre ambas. Era un día especial no solo para ellos, sino para toda la familia. Mientras continuaban observando el desfile, comenzaron a notar otros trajes espectaculares y carrozas llenas de colores vibrantes.

—Mira esos bailarines —dijo el padre—. ¿Te gustaría unirte a ellos más tarde? —preguntó él, recordando cómo también había pertenecido a uno de aquellos grupos antes de conocer a la que sería el amor de su vida y futura reina del carnaval.

La niña asintió emocionada, deseando ser parte de esa magia.

Después de unos momentos más de disfrute, la carroza se detuvo y su madre hizo una señal a los bailarines para que se acercaran. Ellos comenzaron a danzar alrededor de la carroza, creando un espectáculo impresionante.

—¿Quieres conocerlos? —preguntó su padre, animado por la energía del momento.

Con una sonrisa radiante, la niña respondió:

—¡Sí! 

Bajó rápidamente de los hombros de su padre y corrió hacia donde estaban los bailarines. Su madre se unió a ella, brillando con su vestido deslumbrante mientras se movía al ritmo de la música. 

El padre las observaba con orgullo y felicidad. En ese instante, se dio cuenta de que esos momentos eran los que realmente importaban: ver a su familia unida en medio del carnaval, disfrutando cada segundo juntos.

M. D. Álvarez 

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