miércoles, 19 de marzo de 2025

La copa del sommelier..

La copa medio llena de aquel Vega Sicilia, con aromas afrutados y toques de compota, eucalipto y mentol, tenía los taninos precisos para su degustación áspera que percibimos en boca, especialmente en la lengua y las encías. Con el buque preciso de las barricas de cedro, se la veía orgullosa de ser el contenedor de aquel caldo que iba a ser catado por el mejor sommelier. Se la llevó a los labios y sorbió un poquito, paladeándolo con satisfacción; la copa sintió un profundo placer al ver la cara de satisfacción del catador.

El sommelier, con una sonrisa de aprobación, dejó que el vino descansara un momento en su boca, permitiendo que los complejos sabores se desplegaran por completo. La copa, sintiendo el orgullo de su contenido, brillaba bajo la luz tenue del salón. Cada sorbo era una sinfonía de sabores, una danza entre la acidez y la dulzura, con un final largo y persistente que dejaba una sensación de plenitud.

El catador, finalmente, dejó la copa sobre la mesa con un gesto de reverencia. "Este Vega Sicilia es una obra maestra," murmuró, mientras la copa, satisfecha, se preparaba para el siguiente brindis.

Era la añada perdida del primer Vega Sicilia; en 1915 se descubrió una sola botella en la bodega de la familia Eloy Lecanda, fundada en 1864.  

M. D. Álvarez

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