domingo, 9 de marzo de 2025

En el río.

Al lado de la ribera de aquel pequeño riachuelo, donde los árboles permitían ver el sol, este atacaba inmisericorde a los pobres bañistas que se refrescaban en las frías aguas que aquel arroyo les brindaba. Ella, bajo la sombrilla, vigilaba a sus compañeros que, como lobos, se lucían con juegos de lucha para ver quién se ganaba sus favores. 

Ella estaba indecisa, si por el joven de pelo largo, al que todavía no habían logrado atrapar, o por el rubicundo fanfarrón al que todos temían. Los vio a los dos cuchichear y mirarla. 

—Uyyy, algo están tramando estos dos —se dijo ella. 

El joven de pelo largo se lanzó al río y comenzó a salpicar al fanfarrón, que se vanagloriaba de ser el primero en meterse al agua. Se lanzó en persecución del joven que estaba saliendo del agua. En ese momento, solo había dos posibilidades: o esquivarlo y que cayera al agua, o pararlo en seco..

¿Qué creéis que hizo? Os lo diré: lo esquivó en el último segundo y el que embestía cayó de bruces en el agua, mientras el otro soltaba una sonora carcajada y se dirigía hacia ella, que con preocupación se esperaba que la mojara. Pero nada de eso; la cogió en brazos y se metió con ella en el río. 

Ella, sorprendida y riendo, se aferró a su cuello mientras él la llevaba al centro del río. El agua fría les envolvía, pero la calidez de su risa y la chispa en sus ojos lo hacían todo más llevadero. El fanfarrón, aún recuperándose de su caída, los miraba con una mezcla de envidia y diversión.

—¡No te creas que te saldrás con la tuya! —gritó el fanfarrón, saliendo del agua y sacudiéndose como un perro mojado.

El joven de pelo largo, sin dejar de sonreír, le respondió:

—¡Tendrás que atraparnos primero!

Y así comenzó una nueva persecución, esta vez con ella en brazos, riendo y disfrutando del juego. El fanfarrón, decidido a no quedarse atrás, se lanzó de nuevo al agua, creando una ola que los salpicó a todos.

Entre risas y juegos, ya sabía con quién deseaba estar, puesto que al terminar la persecución, sin que el bravucon lograra cogerlos, la dejó suavemente en su tumbona y le besó dulcemente la mano a la vista de todos los presentes.

M. D. Álvarez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario