domingo, 16 de marzo de 2025

El código genético.

Él se perdió en la intensidad de sus ojos verdes. Tardó varios segundos en reaccionar y atender a lo que le estaba preguntando. Ella le inquirió si se conocían, ya que su cara le resultaba muy familiar.

Él le dijo que no, pero que ya le gustaría haberla conocido. Ella sonrió de forma seductora; ella sí se acordaba de él, pero de eso ya habían pasado diez años. Él era un militar de las fuerzas especiales trasladado a un nuevo destacamento; ella era su superior en rango.

Él se quedó mirándola, tratando de recordar. La sonrisa de ella se amplió, y con un gesto de la mano, lo invitó a sentarse en una mesa cercana. 

¿Sabes para qué has sido seleccionado? —le preguntó ella.  

Ejercicios de motivación e incremento de fuerza —respondió él, sabedor de que era carne de cañón y aspiraba a ser una fuerza imparable para realizar las misiones más arriesgadas. Fue entonces cuando la reconoció. Ella había llevado a un grupo de soldados desmotivados a ser unos auténticos boinas verdes. Él había intentado alistarse, pero todavía era muy joven para enrolarse.  

Ella supo que él la había reconocido, pero no quiso asustarlo.  

El experimento que llevaremos a cabo te pondrá al límite de tus fuerzas .Ella lo mira fijamente a los ojos, su sonrisa se desvanece y su expresión se vuelve seria.
"Este no será un entrenamiento normal. Habrá riesgos, y las consecuencias podrían ser irreversibles. ¿Estás seguro de que quieres seguir adelante?"

Él asiente con determinación, pero por dentro siente un escalofrío. Algo en su mirada le dice que se está metiendo en algo mucho más grande de lo que había imaginado.

Tienes un código genético que te hace susceptible a la manipulación genética sin ningún tipo de errores —dijo ella, visiblemente emocionada ante las posibilidades que se iban abriendo—. Podrás acabar con los enemigos sin ningún esfuerzo.

Él se quedó un instante pensativo, pero asintió, sería como un conejillo de indias.

Continuará...

M. D. Álvarez

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