—Menudo guayabo tan provocador —siseó con lujuria, mirando por la ventana.
Angie se giró y lo vio segando el césped con calma. Segaba arriba y abajo; parecía estar luciéndose, pero ni mucho menos él era así con todo.
Angie dijo: "¡Ni lo soñéis, chicas! Es mío." Y salió al jardín con una gran jarra de agua fría y un vaso. Se acercó a él y le susurró algo al oído, haciendo que él soltara una carcajada. Tomó el vaso y ella le sirvió el agua fría, que él bebió con calma, tras de lo cual hizo una reverencia marcial en dirección al grupito de amigas que, locas de rubor, se arremolinaban en el porche.
—Si vamos, tus animalas ya las tienes excitadas —dijo ella con una sonrisa pícara, sabiendo que él solo la amaba a ella.
A continuación, él la cogió por la cintura y la besó con pasión, dejando desangeladas y ojipláticas a todas sus amigas.
M. D. Álvarez
M. D. Álvarez
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