En su naturaleza no estaba la palabra de rendición y sumisión, tan solo había oscuridad, tinieblas y su sola presencia imponía pavor.
Los que se colaban en su territorio no sabían lo que hacían, se las daban de valientes, pero en cuanto él aparecía, se morían del susto.
Hubo una vez que se vio a punto de rendirse en un enfrentamiento con otra criatura, supo que sería complicado vencerla; los dos estaban al límite de su resistencia cuando él hizo algo insospechado: la besó, desarmandola.
Así fue como venció a la más preciosa criatura del mundo umbroso y tenebroso.
Ahora son dos los seres que cuidan de su territorio.
M. D. Álvarez
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