domingo, 17 de noviembre de 2024

Juego de valor

En la casa de nuestros ancestros, un caserón lúgubre y frío donde todo chirría y cruje, mis tres hermanos y yo jugábamos a ver quién permanecía más tiempo en la oscuridad. Era un juego de valor y entereza.

Mi hermano pequeño era uno de los mejores ajedrecistas del momento, era calmado y pausado, tenía todas las papeletas para ganar, pero también era muy asustadizo, así que fue el primero en dejar la casa.

Mi segundo hermano era un astrónomo reputado, pero ni aún así lo consiguió y abandonó. Solo quedábamos mi hermano mayor y yo; el mayor trabajaba de abogado, pero ni aún así logró aguantar ni diez minutos y salió corriendo.

Solo quedaba yo, que por mi naturaleza oscura adoraba las sombras y la paz que me infundían. Siempre les ganaba por mi afinidad con la oscuridad a la que yo amaba, pues ella me protegía.

M. D. Álvarez

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