Las almas de los amantes vagaron por el etéreo paisaje, buscandose incansablemente. Un susurro del viento, una fragancia familiar, una melodía resonante en sus corazones, cada señal era una pista en su búsqueda. La esperanza los guiaba, alimentando su determinación de volver a encontrarse.
En un encuentro fortuito bajo la luz plateada de la luna, sus almas se reconocieron al instante. La alegría del reencuentro inundó sus espíritus, disipando la tristeza de sus vidas pasadas. Se abrazaron con una ternura infinita, prometiendo nunca más separarse.
Juntos, exploraron las infinitas posibilidades de su nuevo mundo, compartiendo experiencias que jamás podrían haber imaginado en vida. Su amor se fortaleció con cada paso, iluminando su camino hacia una eternidad de felicidad compartida.
M. D. Álvarez
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