Él la miró entre sorprendido y asustado, y huyó; la mirada de ella era de terror. Cuando se dio cuenta de que huía para que no lo viera tal y como era, ella lo persiguió. Sabía que era su mejor amigo y donde él fuera, ella estaría con él.
Lo alcanzó en un claro del sombrío bosque y le dijo: "Siento haberme asustado de ti. Sé que no me harías daño".
Él aún asustado, dijo: "Me asusté al ver tu reacción y huí".
Ella se acercó, acarició su denso pelaje tranquilizándolo. Estaban unidos por lazos inquebrantables, nada los separaría.
M. D. Álvarez
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