No podía acercarsele nadie y quien se arriesgaba a hacerlo era víctima de su mal carácter. Solo ella era capaz de ver su lado amable.
"Si sigues comportándote así, te verás envuelto en graves problemas", le dijo ella tranquilamente.
Él no supo qué responder, nunca había sido tan caballeroso; siempre, desde que podía recordar, había sido pendenciero y arisco y no sabía por qué.
Ella estudió su historial e indagó en su niñez. Ahí fue cuando descubrió que desde que nació había tenido que luchar por todo y no había recibido el cariño necesario.
Así que ella lo acogió con ternura, cuidó de él y el cambio fue radical: ya no se peleaba por todo, no discutía, pero todavía no controlaba ser amable con la gente de fuera.
M. D. Álvarez
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