sábado, 30 de noviembre de 2024

El reino prohibido.

Sentado en su trono y con su intensa mirada, era capaz de desarmar a todos los que vinieran a disputarse su reino. Su mirada acerada era capaz de paralizar y destruir a todos los ejércitos que enviaran a conquistar su reino. 

Él tenía el poder de paralizar y destruir, pero también tenía a su lado a una reina, una bella joven de ojos verdes y melena larga de color caoba. Él era un apuesto rey con cabello largo y despeinado, y unos intensos ojos azules.

La amaba desde que la vio en una de las muchas fiestas que daba su familia para buscar a la elegida para él, y ella estaba allí. Se enamoró perdidamente de ella en cuanto la vio, supo que ella sería su reina.

La que permanecía junto a él en todas sus batallas la que le daba fuerzas cuando se debilitada o lo reconfortado cuando tenía momentos de paz se amaban apasionadamente  en los momentos de calma. 

El rey, con su mirada penetrante y su cabello al viento, gobernaba con firmeza y justicia. Pero su corazón pertenecía a la reina, cuya belleza rivalizaba con la de las estrellas en el cielo nocturno. Juntos, eran una fuerza imparable, un equilibrio perfecto entre poder y amor.

En las noches tranquilas, cuando la luna brillaba sobre el castillo, el rey y la reina se encontraban en su jardín secreto. Allí, entre las rosas y los jazmines, compartían sus sueños y sus miedos. La reina le contaba historias de su infancia en los campos verdes, mientras el rey la escuchaba con atención, sus ojos azules llenos de admiración.

Pero no todo era paz en el reino. Los enemigos acechaban, y las intrigas palaciegas amenazaban con separarlos. El rey sabía que debía proteger a su reina, pero también anhelaba la calidez de su abrazo y la dulzura de sus labios.

Una noche, mientras la luna llena iluminaba el jardín, el rey se arrodilló ante la reina y le ofreció un anillo de oro con una esmeralda en el centro. “Eres mi reina”, le dijo, “y quiero que seas mi esposa para siempre”. La reina aceptó con lágrimas en los ojos, y juntos sellaron su amor con un beso apasionado.

Así comenzó una nueva era en el reino. El rey y la reina gobernaron juntos, su amor inquebrantable como un escudo contra las adversidades. Y aunque las batallas seguían, su amor era la mayor victoria de todas.

M. D.Álvarez 

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