jueves, 28 de agosto de 2025

Su voz meliflua.

Increíble pero cierto, su melosa voz le transportaba a su desaparecido hogar, al que no podía volver porque fue abrasado por una supernova. 

Aunque sus recuerdos de la niñez lo hacían sonreír, después recordaba cómo toda su familia lo protegió enviándolo lo más lejos posible de todos sus seres queridos. 

Ella reconocía sus altibajos de humor, pero sabía que si le cantaba mientras permanecía dormido, conseguiría hacerlo feliz, aunque solo fuera momentáneamente. Su rostro enojado se transformaba en el ser que ella amaba: un hombre feliz. 

Y en aquel momento, ella necesitaba hacerlo feliz. Su última intervención lo mandó directo a una cámara de estasis donde lo mantenían con vida.

M. D.  Álvarez 

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