domingo, 24 de agosto de 2025

Al borde del abismo. 2da parte.

Ella miró hacia el horizonte, donde el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y púrpuras. El silencio se instaló entre ellos, pero no era incómodo; era un espacio donde ambos podían reflexionar.

—¿Por qué te pesa tanto eso?, preguntó ella, rompiendo el silencio. —Lo que hiciste fue valiente. No deberías sentirte culpable por defenderte.

Él suspiró, dejando que el viento acariciara su rostro. —No se trata solo de eso. Me siento... confundido. Ese beso, ese momento... cambió todo. No sé si estoy listo para esto.

Ella giró la cabeza hacia él, sus ojos llenos de comprensión. —A veces, las cosas cambian sin que lo busquemos. Solo sucede. Pero eso no significa que sea malo.

—Lo sé, respondió él, su voz apenas un susurro. —Pero tengo miedo de perderte si esto avanza demasiado rápido. No quiero arruinar lo que tenemos.

—¿Y si no lo arruinamos? Ella se acercó un poco más, sintiendo la calidez de su presencia. Podemos descubrirlo juntos. No tienes que cargar con este peso solo.

Él la miró a los ojos y vio en ellos una chispa de esperanza y valentía. Era cierto; cada vez que estaba con ella, sentía que podía enfrentar cualquier cosa, incluso sus propios temores.

—Quizás tengas razón, admitió él con una leve sonrisa. —Tal vez deberíamos dejar que las cosas fluyan y ver a dónde nos llevan.

Ella sonrió aliviada y le dio un ligero toque en el brazo. —Eso es todo lo que pido: que estemos presentes en este momento. Lo demás vendrá solo.

Los dos se quedaron en silencio nuevamente, pero esta vez había algo diferente en el aire: una promesa implícita de explorar sus sentimientos sin miedo al futuro.

Mientras el sol se ocultaba por completo, las estrellas comenzaron a brillar en el cielo nocturno, recordándoles que incluso en la oscuridad hay luz y belleza. Juntos, sintieron que estaban listos para enfrentar lo que viniera.

M. D. Álvarez

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