El único problema que ella veía era su actitud, y algo que había comenzado a cambiar: él era más romántico. Todos los días depositaba una rosa sobre la almohada, y cuando ella se despertaba, era lo primero que veía. Siempre estaba pendiente de ella; la mimaba con ternura. Siempre desearon formar una familia, y por eso, cuando le dijeron que no podía concebir, decidieron adoptar.
La decisión de adoptar llenó sus corazones de esperanza y amor. Ambos sabían que la familia que anhelaban no se definiría por la biología, sino por los lazos que construirían juntos. Empezaron a investigar sobre el proceso de adopción, asistieron a talleres y se sumergieron en libros que hablaban sobre la crianza y el vínculo entre padres e hijos.
Cada rosa que él dejaba sobre la almohada parecía simbolizar un nuevo comienzo. Ella sonreía al despertar, sintiendo cómo ese gesto se transformaba en un recordatorio constante de su compromiso mutuo. Con cada día que pasaba, su amor se fortalecía, y la idea de dar la bienvenida a un niño en su hogar se tornaba más real.
Cuando finalmente recibieron la noticia de que habían sido elegidos para adoptar a una niña, el mundo se iluminó. Se llamaba Valeria, y tenía unos ojos brillantes llenos de curiosidad. Desde el primer momento en que la conocieron, supieron que ella era la pieza que faltaba en su vida, el sueño hecho realidad.
Los días siguientes estuvieron llenos de risas y descubrimientos. Aprendieron a ser padres mientras Valeria exploraba su nuevo hogar, llenándolo de juguetes y risas. Cada noche, él continuaba dejando una rosa en la almohada, pero ahora también había un pequeño dibujo hecho por Valeria junto a ella.
La familia crecía en amor y complicidad. Juntos enfrentaron los desafíos del día a día, desde las travesuras de Valeria hasta las noches en vela cuando tenía miedo a la oscuridad. Pero siempre encontraban consuelo en su amor mutuo, recordando que habían elegido este camino juntos.
Así, poco a poco, construyeron un hogar donde cada rosa era un símbolo no solo de romanticismo, sino del profundo compromiso que tenían entre sí y hacia su hija. En ese espacio lleno de amor y risas, entendieron que la familia no siempre se forma como uno espera; a veces es aún más hermosa cuando surge del corazón.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario