Los primeros días del viaje fueron tranquilos. Las estrellas se deslizaban a través de la ventana como destellos de luz en un mar negro. Sin embargo, a medida que pasaban los meses, la soledad se hacía palpable. Se aferraba a los recuerdos de sus compañeros y a la promesa de un futuro mejor. Sabía que el tiempo corría en su contra; cada día que pasaba era un día más cerca de la caída de la perla.
Un día, mientras revisaba los sistemas de navegación, recibió una alerta: un pequeño grupo de naves enemigas había sido detectado en su trayectoria. Su corazón se aceleró. No podía permitir que la misión fracasara. Con manos firmes, ajustó los controles y comenzó a maniobrar para evadirlas.
A medida que las naves se acercaban, recordó las enseñanzas del precursor sobre estrategia y valentía. Con astucia y rapidez, logró esquivar sus ataques, pero sabía que no podría mantener esa táctica por mucho tiempo. Necesitaba una solución.
Decidió utilizar el sistema de camuflaje de la lanzadera. Activó el dispositivo y se sumergió en el silencio del espacio, confiando en que los enemigos no la detectarían. Mientras flotaba en la penumbra estelar, sintió una mezcla de miedo y determinación; estaba más cerca que nunca de cumplir su misión.
Finalmente, después de lo que parecieron eternos meses, avistó el planeta donde se encontraba el Antecesor. Su corazón latía con fuerza; sabía que esta sería la clave para salvar todo lo que amaba. Sin embargo, también era consciente del desafío que enfrentaría al encontrarlo: ¿estaría dispuesto a regresar? ¿Se sentiría capaz después de todo lo que había sufrido?
Con una profunda respiración, aterrizó la lanzadera y se preparó para lo desconocido, lista para enfrentar cualquier cosa por el bien de los sistemas libres.
Continuará...
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario