Había quedado visiblemente destrozado, pero seguía vivo. Nadie conocía su lugar de descanso. ¿Nadie? Bueno, alguien sí conocía su ubicación: ella, la única que se atrevió a socorrerlo cuando luchó por ellos. En una de las muchas crisis mundiales, los líderes la obligaron a ir a buscarlo.
Partió en una pequeña lanzadera; su ubicación distaba un par de pársecs, pero le llevaría alrededor de seis años y medio viajando a la velocidad de la luz.
Continuará...
M. D. Álvarez
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