lunes, 18 de agosto de 2025

El enclave prohibido. 2da parte.

El capitán se despidió de su comandante y se dirigió a su alojamiento temporal. Mientras guardaba sus pertenencias, no podía dejar de pensar en las ruinas y en las palabras del sargento. Algo en aquellas esculturas aberrantes le había dejado una sensación inquietante.

Esa noche, mientras intentaba dormir, tuvo un sueño extraño. Se encontraba de nuevo en la jungla, pero esta vez las ruinas estaban vivas, sus muros se movían y las esculturas parecían observarlo. Despertó sobresaltado, con el corazón latiendo a mil por hora.

A la mañana siguiente, decidió investigar más sobre el lugar. Se dirigió a la biblioteca militar y comenzó a buscar información sobre civilizaciones antiguas en esa región. Encontró referencias vagas a una cultura perdida, conocida por sus rituales oscuros y sus construcciones monumentales.

Intrigado, decidió contactar a un viejo amigo, un arqueólogo experto en civilizaciones antiguas. Le envió un correo detallando lo que habían encontrado y adjuntó algunas de las fotografías.

Días después, recibió una respuesta. Su amigo estaba fascinado y preocupado a la vez. Le explicó que las ruinas podrían pertenecer a una civilización que había desaparecido misteriosamente, y que las esculturas podrían ser representaciones de deidades o guardianes de algún secreto oscuro.

El capitán sabía que debía regresar a las ruinas, pero esta vez con un equipo más preparado. Solicitó permiso para una nueva expedición y comenzó a planificar el viaje. Antes de partir, llamó a su pareja para informarle de sus planes.

—Cariño, tengo que volver a la jungla. Hemos descubierto algo importante y necesito investigarlo más a fondo —le explicó.

—Ten cuidado, por favor. No quiero perderte —respondió ella, con preocupación en la voz.

—Lo prometo. Volveré sano y salvo. Te amo —dijo, antes de colgar.

Con el equipo listo y el permiso concedido, el capitán y su nuevo grupo de exploradores se adentraron de nuevo en la jungla, preparados para desentrañar los misterios de las ruinas y enfrentarse a lo desconocido.

M. D. Álvarez 

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