jueves, 21 de agosto de 2025

Entre risas y estrellas.

Le sorprendió el grupo de jovencitas que se abalanzaron sobre él; si no hubiera estado ella, que las mantuvo a raya, seguramente las tendría tras de mi rastro. 

—Que, si yo no he hecho nada —le dije con cara de no haber roto un plato—. 

—Si eso, tú, pome ojitos —dijo ella, derritiéndose por mí.

Las jovencitas, riendo y empujándose entre ellas, parecían no tomar en serio la situación. Ella, con una mezcla de determinación y diversión, se plantó frente a él, desafiando a la multitud.

—¡Chicas! —gritó—. ¡Dejen en paz a este chico! 

El grupo se detuvo, sorprendidas por su osadía. Él sonrió, sintiéndose un poco más seguro gracias a su presencia. 

—¿Te das cuenta de que eres mi heroína? —le susurró, mientras las chicas empezaban a dispersarse, aún riendo.

Ella lo miró con complicidad y un leve sonrojo en las mejillas. 

—No seas exagerado. Solo que no me gusta que te acosen.

Con el peligro disipado, comenzaron a caminar juntos de nuevo. La noche se sentía mágica; las luces del parque brillaban como estrellas caídas, y el aire fresco traía consigo el aroma de las flores nocturnas.

—¿Qué tal si vamos a tomar algo? —sugirió él, sintiendo que la tensión había desaparecido por completo.

—Solo si prometes no sacar tu cuchillo esta vez —bromeó ella, riendo.

Él se echó a reír también, disfrutando del momento. Esa noche, entre risas y complicidad, comenzaron a descubrir un nuevo mundo juntos.

M. D. Álvarez 

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