martes, 12 de agosto de 2025

El manantial de aguas cantatinas.

El río era caudaloso y ruidoso en su desembocadura; no parecía el manso manantial del que, con trémula calidez, iba mandando un reguerito de suaves hilillos de prístinas aguas. Su nacimiento fue fruto del amor del gran dios tonante y de la brava hija del señor de aquellos lugares. 

La descubrió cazando en los bosques sagrados; sabía las consecuencias de tal acción: debía ser castigada, pero él no podía dejar de amarla e ideó cómo saltarse el castigo. 

Yació con ella y le susurró unas suaves y dulces palabras que, en aquel justo momento, la transformaron en un precioso manantial de aguas cantatinas. 

Cada vez que deseaba estar con ella, descendía sobre el dulce manantial y recitaba las más bellas canciones que la traían de nuevo ante él.

M. D.  Álvarez 

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