martes, 1 de abril de 2025

Sacrificio desinteresado.

La herida era más grave de lo que pensaban; se había puesto en la trayectoria de aquella flecha roja. Si no la hubiera interceptado, ella ya no estaría entre los vivos. Él se merecía aquel castigo. El dolor era insoportable; su cuerpo luchaba por sacarse la flecha del hombro, pero la punta estaba envenenada con una neurotoxina que, poco a poco, iba ralentizando su corazón. Ella lo descubrió casi sin respiración y ordenó un traslado urgente. Sabía de lo que sería capaz por cuidar de su equipo, hasta de ponerse en la trayectoria de aquella flecha roja.

“No te lo perdonaré si no vuelves conmigo”, le susurró al oído, su voz quebrada por la angustia, antes de que él perdiera el conocimiento

Su corazón se detuvo, pero ella no se lo iba a permitir; le hizo la reanimación y lo mantuvo vivo hasta la llegada al hospital, donde le suministraron un antídoto contra la neurotoxina. Estuvo en coma quince días. Ella permaneció a su lado, esperando a que despertara. Cuando despertó, la vio apoyada en la cama, durmiendo. Levantó la mano, depositándola delicadamente sobre su mano, lo que hizo que se despertara. Al verlo despierto, se echó a llorar desconsoladamente. 

Él se quitó la máscara de oxígeno y, con un casi exiguo hilo de voz, le preguntó: "¿Por qué lloras?"

"Si vuelves a hacer algo parecido, seré yo quien te mate". respondió ella secándose las lagrimas.

M. D. Álvarez 

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