Aquella cabeza era lo único que le quedaba; el cuerpo esbelto había sido inmolado después de haber sido decapitado ante su amada esposa y su tierno hijo. La otrora magna cabeza de su adorado esposo, cuyos dulces bucles morenos descansaban sobre el regazo de su amada esposa, no daba crédito a la dantesca acción que acababa de vivir. Aquel grupo de soldados había asesinado a su amado esposo cuando trataba de evitar un abuso por parte de ellos.
Estos, al ver el acto tan execrable que habían cometido, huyeron al percatarse de que los lugareños acudían a defender a aquel joven que trató de proteger a su amada esposa e hijo, quienes, con cara de susto, presenciaron el salvaje asesinato de su padre.
M. D. Álvarez
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