Con el tiempo, la criatura comenzó a responder a las palabras de su anfitrión. Era como si las barreras que los habían escindido se desvanecieran, dejando espacio para una conexión más profunda. Él sentía que su corazón latía al unísono con el de la bestia, y en ese momento se dio cuenta de que su dolor no era solo suyo; era un sufrimiento compartido.
“Juntos, podemos ser más fuertes”, susurró, mientras sus manos temblorosas terminaban la fusión
La mezcla sde sus esencias comenzó a tomar forma. Su anfitrión visualizaba un ser que no solo sería capaz de resistir los embates del mundo exterior, sino también de abrazar su propia vulnerabilidad. Un guerrero sabio y fuerte, capaz de luchar por lo que era justo, pero también por lo que significaba amar y proteger.
En ese instante mágico, comprendieron que no eran enemigos, sino aliados en una danza eterna. La lucha interna se transformó en un poderoso abrazo; juntos podrían desafiar todas las adversidades y encontrar la paz que tanto anhelaban.
M. D. Álvarez
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