miércoles, 2 de abril de 2025

Bajo el susurró del destino.

Su sola presencia y porte ejercían un deseo atormentado por tenerlo siempre a su lado.. :
Cada vez que sus miradas se cruzaban, el mundo a su alrededor desaparecía. La tensión en el aire era palpable, como si el tiempo se detuviera en ese instante, ella sentía un cosquilleo en el estómago, una mezcla de anhelo y miedo a lo desconocido.

Sabía que su corazón latía con fuerza, dictándole que se acercara, que rompiera la barrera de la timidez. Pero, ¿qué pasaría si él no sentía lo mismo? La incertidumbre la envolvía, pero el deseo de descubrirlo era más fuerte. En su mente, una historia de amor comenzaba a escribir sus primeros capítulos. 

A medida que los días pasaban, ella se perdía en sus pensamientos, imaginando cómo sería un encuentro más cercano. Cada conversación casual que tenían la llenaba de esperanza y dudas a la vez. Un día, mientras caminaban juntos por el parque, él se detuvo y miró hacia el horizonte, dejando escapar un suspiro profundo. Fue en ese momento que ella reunió valor y decidió dar un paso adelante.

—¿Te gustaría tomar un café algún día? —preguntó, su voz temblando ligeramente.

Él la miró con sorpresa, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y alegría. La respuesta que había esperado tanto parecía estar al alcance de su mano. 

Ya estabas tardando, dijo él sonriendo.  

El corazón de ella dio un salto al escuchar esas palabras. La sonrisa de él iluminó su rostro, y por un instante, el mundo a su alrededor volvió a cobrar vida. 

—¿En serio? —preguntó ella, tratando de contener su emoción—. ¿Te gustaría?

—Claro que sí. He estado esperando que lo dijeras —respondió él, con un tono juguetón en su voz.

Esa tarde, acordaron verse en una pequeña cafetería del centro, un lugar acogedor con aroma a café recién hecho y suaves melodías de fondo. Al llegar, la ansiedad de ella se mezclaba con una chispa de emoción. Se sentó en una mesa cerca de la ventana, observando a la gente pasar mientras esperaba.

Cuando él llegó, su sonrisa era aún más radiante que antes. Se acomodaron en sus asientos y comenzaron a charlar sobre cosas cotidianas: sus trabajos, sus sueños y las pequeñas locuras que habían hecho en la vida. Cada palabra parecía acercarlos más, creando un puente entre sus corazones.

—¿Sabes? —dijo él mientras removía su café—. Desde que te conocí, he sentido que hay algo especial entre nosotros.

Ella sintió que el aire se le escapaba por un momento. La sinceridad en su voz la envolvió como un cálido abrazo.

—Yo también lo he sentido —admitió ella, su corazón latiendo con fuerza—. A veces me da miedo… pero no puedo evitarlo.

Él extendió su mano sobre la mesa y la tocó suavemente. Fue un gesto simple, pero cargado de significado. En ese instante, ambos supieron que estaban listos para avanzar un paso más en su relación 

M. D. Álvarez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario