Su hábitat de origen era submarino; como buen tritón, se debía a su amada, la mar, que lo colmaba de caricias con sus olas. La mar, suave y mansa, lo mecía en sus dulces aguas cuando no lograba conciliar el sueño.
Él, como buen hijo, la cuidaba y evitaba que la hirieran los seres terrestres que siempre trataban de mancillarla.
M. D. Álvarez
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