Debía encontrar un pergamino que había estado perdido durante diez años; en el pergamino se mostraba el código genético supremo. La preparación de su adiestrador le ayudaría orientarse en la oscuridad, sobreponerse al frío glacial y mantener su estabilidad bioquímica.
En uno de aquellos pasadizos estrechos, se encontró con una cámara abovedada en cuyo centro un sitial bellamente tallado se alzaba majestuoso. Sobre el asiento se encontraba un pergamino enrollado, visiblemente ajado. Lo tomó con delicadeza y lo metió en un tubo de muestras, y se dispuso a salir.
Las enseñanzas de su tutor lo habían llevado a realizar una de las mayores hazañas de todos los tiempos..
Una vez fuera, se dirigió hacia el aula donde su maestro, al verlo llegar, no daba crédito a sus ojos; ni él mismo había logrado salir en tan poco tiempo, y mucho menos con el pergamino.
M. D. Álvarez
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