Sus manos eran de oro, al igual que su gran corazón. Fue ella quien trató sus lesiones de una forma magistral.
Era la misma que trató a su madre antes de caer enferma. Después de que su madre falleciera, siguió siendo un asiduo paciente de tan suaves y fuertes manos.
M. D. Álvarez
Este relato corto está dedicado a Susana Conde Villarino, la fisioterapeuta con las manos más maravillosas de todos los fisioterapeutas a los que he ido.
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