Tanto lo cabreó que se giró y, con sus dos metros de altura y músculos por doquier, le dijo: "—De verdad, ¿quieres enfrentarte conmigo?".
El borracho, al ver la estatura y la fiereza de su mirada, agachó las orejas y abandonó el antro con el rabo entre las piernas, maldiciendo su mala suerte.
M. D. Álvarez
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